febrero 28, 2022
Él: nuevo Lenguaje
Desde muy niña he tenido la manía de crear historias sobre las personas
que observo. Me agrada sentarme en el balcón de un café o en las
mesas con sombrilla a la entrada, para poder disfrutar los transeúntes
que pasan y hacer conjeturas sobre sus vidas.
Así que imaginaré que todo empezó en su adolescencia, era como el
nombre de aquella banda de rock en español, de los 90 “El último de la
fila”, un chico silencioso, poco participativo, siempre con la intención de
estar fuera del alcance del radar de los demás de la clase, casi nunca
levantaba la cabeza y si lo hacía solo se podía apreciar un rostro a lo
Mona Lisa, sin llanto y sin sonrisa, que cada año, día tras lograba
desvanecerse hasta el punto de hacerse invisible.
Su apariencia no llamaba la atención de las chicas, a pesar de tener
rasgos distintivos, cabello rizado largo, grandes ojos oscuros de mirada
profunda, que armonizaba con su tez blanca. Se caracterizaba por su
enorme timidez, hecho que lo dejaba por fuera de los grupos de jóvenes
ansiosos por vivir nuevas experiencias para compartirlas, si habláramos
de matemáticas el sería el claro ejemplo del conjunto unitario.
Trataba de permanecer siempre en su burbuja, tenía ecosistema propio
pero abiótico, convivía allí con componentes físicos y químicos no vivos,
cuadernos, hojas, lápices, micropuntas, rapidrografos, marcadores, que
en sus manos representaban la única forma a través de la cual
interpretaba el mundo en el que la burbuja flotaba, tratando de
mantenerse intacta sin hacer contacto con otras especies.
Allí dentro solo establecía comunicación consigo mismo, disfrutaba
deambular por las calles mirando cada detalle, era un observador nato,
sensible, daba la impresión de vivir distraído pero no era así se
mantenía atento a cada situación y persona que habitaba en su entorno,
así fue como un día con lápiz en mano empezó a imitar formas que se
han usado por la humanidad desde el periodo Neolítico, es decir hace
más de cinco mil años, hablo de los dibujos tribales, formas oscuras y
sólidas características de los inicios del arte del tatuaje, originados en el
continente asiático, entonces los elementos que lo acompañaban
empezaron a darle vida a esas figuras que agotaba en cada página que
pasaba del block o de su cuaderno, en poco tiempo aquellos trazos de
antepasados invadieron su rutina.
A medida que llenaba la cotidianidad con diseños a blanco y negro
empezó a trasgredir el espacio, los tribales empezaron a reproducirse
los plasmaba en todo tipo de superficies, incluso en las menos típicas,
eran como una célula viviente que empezaba a hacer mitosis abriéndose
campo en nuestro plano, como pasó el día en que tomó su lapicero
negro y empezó a rayar sobre una superficie blanda de algodón resultó
siendo el buzo de su uniforme del colegio, como era de esperase uno no
sería suficiente vinieron más, los de sus compañeros de clase que
advirtieron en su estilo una buena manera de fastidiar al mundo e
imponer una nueva moda, en ese momento sus pares empezaron a
verle de nuevo, era algo así como si el chico invisible de la escuela de
repente empezara a colorearse a través de sus trazos, de igual manera
impregnó de tribales otros artículos y espacios como tenis, camisetas,
pupitres, paredes en fin era como si sus ilustraciones se expandieran
cada vez más.
A medida que esto sucedía se daba cuenta de la evolución de sus
dibujos porque los diseños estilo Celta, Borneo o Maories mutaron a una
nueva forma con una apariencia más viva, intentando describirlo diría
que tenían el aspecto de una larva de pez que se extendía en un cuerpo
anfibio para terminar en una cola alargada cual espermatozoide, digo
que era una forma viva porque su cabeza representaba la figura de un
ojo despierto, presente, atento, intimidante, con la mirada fija.
El símbolo no dejaba de transformarse, lo hacía a la par del ser que les
daba vida Chako, el chico tímido ahora era un hombre con barba espesa
y definida, apasionado por temas políticos, un buen lector de novelas
policiacas, que reñía con la poesía, había recorrido gran parte de
Suramérica, viajes que experimentó muchas veces solo, pero de vez en
cuando acompañado de una hermosa chica que le proporcionaba calor
humano y euforia a su alma.
Con cada situación experimentada el ojo tomaba una forma nueva, si no
lo hubiera visto no habría podido imaginar dos ojos haciendo un pulso, o
uno viéndose al espejo, ver el cuerpo de una hermosa mujer libre hecho
de ojos reposando sus emociones mientras miraba el atardecer tendida
en la playa frente al mar, a la rosa mirando al principito, un león con
melena y hocico de ojos, una Frida que terminó alienándose en Catrina
con multiplicidad de ojitos, y ni que decir de los ojos que meditaban que
repetían mantras, se convertían en rostros, astros, flores, cruces, libros
manos, planetas, universos y todo lo que cupiera en su cabeza, así
despertó mi curiosidad, lo contemplaba intentando leerle, hasta caer en
cuenta que si lo leía era porque se trataba de algo más profundo que
una obra de arte, fue entonces cuando logré definirlo.
Había creado su propio idioma, el lenguaje Chako Ojo, a través del cual
comprendía y transmitía su percepción del mundo, el lenguaje que había
brotado de sus manos blancas y talentosas desde mucho antes que yo
apareciera en su vida para sorprenderme con cada boceto que me
mostraba a tinta, color, acrílico, vinilo o acuarela, antes de que
apareciera en el cyber espacio cargada de libros, preguntas y torpezas,
antes de que fuera invadido con insistencia por mis pensamientos
estraterrestres insoportables, antes de ser abducido y conducido a mi
mundo de niebla que se alimenta de imaginación, sueños y fantasía, del
que se escapa de vez en cuando para confrontar la realidad.
Desde mi descubrimiento y luego de lograr traducirlo hábilmente, solo
puedo verle y pensarle a través de sus ojos, que ya están colonizando
superficies más tersa y blandas, cada cosa que pones en sus manos se
puede convertir en ojos, cada idea que llega a su cabeza se puede
representar en su lenguaje, esa debe ser la razón por la cual me
mantiene a distancia para no convertirme en uno de ellos.
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