La casa no está vacía
septiembre 05, 2022Es de noche y mi block de notas quiere sentirse vivo de nuevo, he empezado como cuatro textos que no sobrevivieron a su primera línea, hace más de cinco días que no enciendo la tele y como tres que no leo.
Sigo buscando mis frases, mis párrafos mis historias, para ese sueño que se me hace tan inalcanzable, escribir.
El silencio de la noche me embriaga, la oscuridad de la casa donde solo alumbra ésta pantalla en la que escribo, el frío de mis pies que se frotan inquietos, y los pensamientos que van y vienen rebuscando un sentimiento para que la escritura fluya. Todo es impermanente o nada es permanente, no se cómo decirlo, ni si quiera se, si significa lo mismo.
No advertí el momento en el que le cogí tanto gusto a cerrar la puerta, apagar la luz, no encender ningún aparato que tenga sonido, y quedarme inmóvil intentando adivinar en cuál pared canta la salamandra, por donde está pasando la cucaracha que chasquea sus patas contra algo que parece una bolsa, cuántas chicharras chirrean en el barranco del patio, cómo son los gatos callejeros que copulan en mi terraza.
A lo lejos el viento trae sonidos de ciudad, bocinas de camiones o alarmas de algún auto, ésta noche reina una vez más el silencio, no son ni las 10 y ya no hay pasos por el anden, ni carcajadas extraviadas, solo puedo escuchar mi respiración, recordar el dibujo que me se de memoria, empiezo a sentir como se desvanece en mis pensamientos y voy entrando en un parpadeo largo que me llevará por la travesía de ese estado inconsciente que me conduce al resplandorde un nuevo día. cotidiana del un nuevo despertar.
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